La sociología política contemporánea atraviesa un momento de profunda agitación tras las recientes reflexiones de José Félix Tezanos. El actual presidente del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) ha puesto sobre la mesa una tesis provocadora: la existencia de una conexión ideológica y estratégica entre el trumpismo estadounidense y ciertas formaciones de la derecha española, específicamente PP y Vox, a los que sitúa en una órbita cercana a los movimientos fascistas de la Europa de entreguerras.
El espejo del pasado: Trumpismo y fascismo histórico
Para Tezanos, el auge de Donald Trump no es un fenómeno aislado, sino una reedición de patrones que marcaron el siglo XX. En su análisis publicado en la revista Temas, el sociólogo sostiene que existen analogías inquietantes entre el comportamiento del expresidente norteamericano y figuras como Hitler y Mussolini. El núcleo de esta comparación reside en la forma en que se articula el poder y se moviliza a las masas.
El presidente del CIS argumenta que la actuación de ciertos organismos de control migratorio en Estados Unidos y la retórica de confrontación constante son síntomas de una deriva que recuerda a los años veinte y treinta. Según su perspectiva, esta corriente no solo busca transformar la política interna de su país, sino que actúa como un polo de financiación e influencia para partidos globales que comparten su misma visión disruptiva y autoritaria.
La conexión española: El foco sobre PP y Vox
Uno de los puntos más polémicos de la reflexión de Tezanos es la inclusión directa del Partido Popular y Vox dentro de este entramado internacional de influencia trumpista. El sociólogo advierte que estas formaciones están adoptando enfoques políticos que se alejan del conservadurismo tradicional para abrazar métodos de polarización y cuestionamiento institucional.
- La asimilación de discursos que priorizan el narcisismo victimista sobre el debate racional.
- La creación de un enemigo interno para cohesionar a las bases electorales.
- El alineamiento con estrategias de comunicación que bordean la demagogia populista.
Tezanos incluso recupera la memoria histórica de España para trazar paralelismos con la Falange y las juventudes de la CEDA de 1936. Recuerda cómo formaciones minoritarias terminaron aglutinando a sectores amplios de la derecha mediante el culto a la personalidad y la disciplina paramilitar, un espejo en el que, a su juicio, algunos sectores actuales parecen querer mirarse.
Los cinco rasgos del fascismo del siglo XXI
El análisis identifica una serie de elementos característicos que definen lo que Tezanos denomina el fascismo del siglo XXI. Estos rasgos no solo afectan a la estética política, sino que atacan directamente los pilares del Estado de derecho y los principios de la Ilustración:
1. Desprecio por la división de poderes: Una impugnación constante a la independencia judicial y al equilibrio institucional que sostiene las democracias liberales.
2. Control de la información: El uso de las redes sociales y el intento de dominar los medios de comunicación para crear una realidad paralela favorable al líder.
3. Culto al líder: La figura del «Jefe» como alguien infalible que requiere lealtad absoluta por encima de las leyes o la ética política.
4. Uso político de la fuerza: La tentación de instrumentalizar a las instituciones de seguridad o fomentar estructuras de apoyo con tintes paramilitares.
5. Expansionismo y agresividad: Una visión del mundo basada en la imposición y la confrontación con el «otro», ya sea a nivel territorial o ideológico.
Un muro defensivo desde la racionalidad
La conclusión de Tezanos es una llamada a la resistencia cívica. Ante lo que considera un envite directo contra el bienestar social y los valores democráticos, propone levantar un «muro defensivo» basado en el racionalismo ilustrado. Para el director de la revista Temas, es imperativo que los ciudadanos herederos de la Ilustración identifiquen estas señales antes de que la historia repita sus capítulos más oscuros.
Este diagnóstico subraya que el trumpismo no es solo una anécdota electoral, sino una metodología de dominación social que sustituye la raza —propia del nazismo— por un populismo identitario y narcisista que busca perpetuarse en el poder a través de la intimidación y el quiebre de las normas de convivencia democrática.
