En un entorno marcado por la volatilidad geopolítica en Oriente Próximo y las persistentes presiones inflacionistas en la región otomana, BBVA ha decidido mover ficha para consolidar su hegemonía en Turquía. La entidad financiera ha optado por una vía indirecta, pero sumamente efectiva, para ampliar su dominio sobre Garanti, su filial estratégica, elevando su participación hasta rozar el 88% del capital social.
Consolidación silenciosa: El mecanismo de la recompra
A diferencia de las agresivas ofertas públicas de adquisición (OPA) realizadas en ejercicios anteriores, el grupo liderado por Carlos Torres ha validado un plan de recompra de acciones gestionado directamente por la filial turca. Este programa, que se proyecta a tres años vista, tiene como objetivo final la amortización de los títulos adquiridos, lo que provoca automáticamente un incremento en el porcentaje de control de los accionistas restantes, siendo el banco español el máximo beneficiario.
Según las proyecciones financieras derivadas de este movimiento, la cuota de poder de BBVA pasará del 86% actual a un sólido 87,7%. Esta maniobra técnica no solo simplifica la estructura de capital, sino que permite a la matriz capturar una mayor proporción de los dividendos futuros y reducir el peso de los intereses minoritarios en el balance consolidado del grupo.
El impulso financiero de la desinversión en Rumanía
Un factor determinante para sostener este programa de retribución y consolidación ha sido la reciente optimización de activos en la región. La filial turca ha completado con éxito la venta de sus operaciones en Rumanía, una desinversión estratégica que ha generado unas plusvalías netas de aproximadamente 85 millones de euros tras recibir el visto bueno de los reguladores.
Estos recursos extraordinarios proporcionan el músculo financiero necesario para ejecutar la adquisición de hasta 85 millones de títulos propios. El plan contempla una inversión máxima que ronda los 195 millones de euros (calculados sobre unos 11.000 millones de liras turcas), alineando la política de la filial con la estrategia global de remuneración al accionista que el banco aplica en otras geografías.
Desafíos macroeconómicos y horizontes de rentabilidad
A pesar del incremento en el control accionarial, el camino en Turquía no está exento de obstáculos. La hiperinflación sigue obligando a realizar ajustes contables severos que impactan en la cuenta de resultados global. Desde que BBVA tomó el control operativo total en 2022, el mercado otomano ha exigido un esfuerzo de saneamiento que supera los 6.700 millones de euros en beneficios no realizados.
- Revisión de objetivos: Aunque la meta de alcanzar los 1.000 millones de euros en beneficios para 2026 sigue vigente, la dirección reconoce un sesgo negativo debido al alza de los precios.
- Ajuste de inflación: Las previsiones de IPC para el cierre de este ejercicio se han elevado del 25% inicial hasta un preocupante 30%.
- Perspectiva a largo plazo: Se estima que la contabilidad especial por hiperinflación podría prolongarse hasta finales de 2028, retrasando el pleno potencial de ganancias de la filial.
Un cambio de táctica respecto a 2022
Este movimiento actual contrasta con la estrategia de 2022, cuando tras el intento fallido de adquirir el Sabadell, BBVA lanzó una oferta directa para aumentar su peso en Garanti en un 36%, desembolsando unos 1.350 millones de euros. En esta ocasión, la entidad prefiere una aproximación más orgánica y progresiva, aprovechando los propios recursos de la filial para fortalecer la posición de la matriz.
En conclusión, la apuesta por Turquía sigue siendo firme pero cautelosa. Al elevar su participación al 87,7%, BBVA se posiciona para maximizar los retornos una vez que el ciclo de hiperinflación remita, confiando en que Garanti recupere su capacidad de aportar hasta 2.000 millones de euros anuales al beneficio neto del grupo en un escenario normalizado.
