La estrategia del silencio ha marcado la última jornada del juicio por el caso mascarillas. Javier Serrano, uno de los colaboradores más estrechos de Víctor de Aldama, ha rechazado declarar este lunes, siguiendo una línea de defensa que busca minimizar el impacto de sus palabras en la vista oral. Sin embargo, este movimiento no ha impedido que sus testimonios previos salgan a la luz, ya que el tribunal ha tomado una decisión drástica para evitar que la investigación se vea obstaculizada.
El rescate de la declaración previa ante la negativa de Serrano
Ante la negativa de Serrano a ratificar lo expuesto anteriormente ante el Tribunal Supremo, la Fiscalía Anticorrupción y las acusaciones populares solicitaron una medida excepcional. Tras una breve deliberación, los magistrados han acordado que se reproduzca la audición de su declaración durante la fase de instrucción. El tribunal justifica esta medida bajo el criterio de que el rechazo a validar lo dicho previamente genera una contradicción con la fase de investigación que debe ser esclarecida.
Esta decisión impide que el socio de Aldama «borre» su rastro en la causa, permitiendo que los detalles aportados en abril del año pasado sobre la trama Koldo sigan teniendo validez jurídica en el proceso actual. La justicia busca así mantener la coherencia en un caso donde las ramificaciones financieras son extremadamente complejas.
La red de los ‘Cuatro Mosqueteros’ y el rastro del dinero
Serrano no actuaba solo. Según las pesquisas de la Guardia Civil, formaba parte del núcleo duro de confianza de Aldama, un grupo autodenominado en chats de WhatsApp como los «cuatro mosqueteros». Junto a Ignacio Díaz Tapia, Alberto Escolano y César Moreno, Serrano habría participado en una estrategia de despatrimonialización de bienes en España, diseñada para ocultar los beneficios obtenidos mediante los contratos públicos durante la pandemia.
El análisis de las comunicaciones revela un esquema de blanqueo y ocultación con paradas internacionales:
- Uso de Pronalab, un laboratorio clínico ubicado en la República Dominicana, como vehículo para transacciones opacas.
- Dificultad en la trazabilidad de fondos para evitar el control de las autoridades españolas.
- Gestión de entregas de dinero en efectivo que vinculan directamente a la trama con el entorno del Ministerio de Transportes.
Los sobres en República Dominicana y el error de Joseba García
Uno de los puntos más críticos que el fiscal Alejandro Luzón ha puesto sobre la mesa es el pago de comisiones en el extranjero. Serrano ya había admitido en el pasado haber facilitado pagos a Joseba García, hermano del asesor de Ábalos. Estas entregas, que rondarían los 20.000 dólares, se habrían realizado en efectivo durante viajes al Caribe que la defensa intentó camuflar bajo motivos personales o negocios agrícolas relacionados con la pitaya.
La investigación de la UCO subraya un episodio casi anecdótico pero revelador: Joseba García, en su primer viaje para recoger los fondos en 2021, se equivocó de destino. En lugar de acudir a la cita en Punta Cana, aterrizó en Santo Domingo, obligando a la trama a reorganizar el encuentro debido a la distancia de 200 kilómetros entre ambas ciudades. Este tipo de detalles ha servido a los investigadores para desmantelar la coartada de que se trataba de viajes de placer o negocios legítimos.
Más allá de las mascarillas: El negocio de los test PCR
Aunque el foco principal está en el material sanitario, Serrano y su red intentaron expandir sus operaciones a las pruebas PCR. Las pruebas obtenidas por la Guardia Civil muestran mensajes donde se afirmaba que «el ministro» había dado el visto bueno a estas operaciones. Estas gestiones cristalizaron en contratos millonarios en regiones como Canarias y Baleares, sumando más de 6 millones de euros en adjudicaciones bajo sospecha.
En sus comparecencias anteriores, Serrano intentó desligarse del grueso del negocio de las mascarillas, pero las evidencias fotográficas de fajos de billetes compartidas entre los socios y los registros de contratos públicos sugieren una implicación estructural. La negativa a declarar hoy en el juicio refuerza la percepción de una estrategia defensiva coordinada para evitar incriminaciones directas en esta fase final del proceso.
Con la audición de las grabaciones de la instrucción, el tribunal garantiza que los datos clave sobre la estructura corrupta permanezcan en el centro del debate jurídico, a pesar del silencio de sus protagonistas.









