Supervisión financiera hasta 2030: Moore Ibérica toma el relevo en el FROB
El control de las cuentas del Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB) entra en una nueva etapa de estabilidad técnica. Tras un proceso de licitación pública, el organismo dependiente del Ministerio de Economía ha seleccionado a Moore Ibérica para auditar sus balances, una responsabilidad que se extenderá potencialmente hasta el año 2030. Esta firma sustituye a PKF Attest, que había liderado estas tareas durante el último lustro, marcando un cambio de guardia en la vigilancia de uno de los activos más sensibles del Estado: su participación del 18% en Caixabank.
La adjudicación no solo responde a criterios de solvencia técnica, sino también a una notable optimización del gasto público. Moore Ibérica logró imponerse en el concurso tras presentar una oferta económica significativamente más competitiva que la de su predecesor. El coste para los tres primeros ejercicios se ha fijado en 127.050 euros, una cifra que queda muy por debajo del presupuesto máximo estimado por la administración, que ascendía a casi medio millón de euros contemplando todas las prórrogas posibles.
El valor estratégico del 18% de Caixabank en el balance público
La misión de Moore Ibérica trasciende la mera revisión contable; se sitúa en el epicentro de un debate sobre la desinversión pública. Actualmente, el paquete accionarial que el Estado mantiene en la entidad catalana, heredado de la antigua Bankia, tiene un peso específico crucial en las arcas del país. Con una capitalización bursátil de la entidad que oscila en torno a los 80.000 millones de euros, la cuota en manos del FROB se valora en aproximadamente 14.400 millones de euros.
Sin embargo, esta valoración actual plantea un escenario de claroscuros para el erario:
- Recuperación parcial: De los más de 24.000 millones inyectados originalmente para el rescate de Bankia, solo se han recuperado de forma efectiva unos 1.722 millones mediante dividendos y ventas menores.
- Plusvalías latentes: A pesar del desfase respecto a la inversión inicial, la revalorización de la acción bajo la gestión de Gonzalo Gortázar ha generado beneficios contables recientes de 80 millones de euros en pequeñas desinversiones.
- Mantenimiento de posición: Lejos de reducir su peso, el Estado ha visto cómo su porcentaje subía indirectamente debido a los programas de recompra de acciones de Caixabank, lo que ha obligado a ventas tácticas para evitar superar umbrales no deseados.
Incertidumbre política y reforma del FROB
El horizonte de la auditoría de Moore Ibérica coincide con un momento de posible transformación estructural para el FROB. El Ejecutivo ha barajado proyectos para reconvertir el fondo en una autoridad antiblanqueo, lo que implicaría que la gestión directa de las acciones de Caixabank pasara a depender orgánicamente del Ministerio de Economía. Esta mutación administrativa busca profesionalizar la tenencia de activos financieros públicos, separándola de las funciones puramente resolutivas.
No obstante, el calendario electoral y la alternancia política introducen variables críticas. Mientras la administración actual ha optado por la prudencia y el cobro de dividendos recurrentes, otras fuerzas políticas sugieren una salida más agresiva del capital privado para «pasar página» al rescate bancario. Un cambio en la dirección de la política económica podría acelerar la colocación de paquetes de acciones (de entre el 3% y el 5%) para aprovechar el buen momento de cotización del sector bancario europeo.
La relación entre el regulador y la entidad privada
Desde la sede operativa de Caixabank, la presencia del Estado se percibe con una mezcla de respeto institucional y pragmatismo. Aunque la cúpula directiva ha manifestado sentirse cómoda con el FROB como accionista de referencia, no ocultan que una normalización total del capital sería el escenario ideal para el mercado. La tensión ocasional por la política de remuneraciones de los altos directivos es el único punto de fricción en una relación que, por ahora, se mantiene estable bajo la estricta vigilancia de los nuevos auditores.
En conclusión, la entrada de Moore Ibérica garantiza una fiscalización externa de bajo coste en un periodo donde se decidirá si el Estado se retira definitivamente de la banca comercial o si continúa ejerciendo como socio industrial a largo plazo, priorizando la rentabilidad vía dividendos sobre la recuperación total del capital inyectado durante la crisis financiera.
