El territorio del Sáhara Occidental se ha convertido nuevamente en un escenario de fricción diplomática. En las últimas horas, un muro administrativo y policial impidió que una delegación política de las Islas Canarias pudiera siquiera pisar suelo en la capital saharaui. Lo que se proyectaba como una misión de observación para evaluar la situación humanitaria en la zona, terminó con una expulsión inmediata que reabre el debate sobre la transparencia de Marruecos en la administración de estos territorios en disputa.
Blindaje diplomático en El Aaiún: Crónica de una expulsión anunciada
La tensión alcanzó su punto álgido cuando el avión que transportaba a Noemí Santana, diputada de Podemos en el Congreso, y a Carmelo Ramírez, consejero del Cabildo de Gran Canaria, aterrizó en El Aaiún. Lo que debía ser un trámite de desembarco ordinario se transformó en una retención de veinte minutos dentro de la aeronave. Según relatan los protagonistas, las autoridades de ocupación marroquíes no ofrecieron justificación legal ni se identificaron formalmente ante los representantes públicos españoles.
Este episodio no es un hecho aislado, sino que se enmarca en una política de restricción de acceso sistemática. La comitiva tenía como objetivo principal entablar contacto con la sociedad civil saharaui y verificar las denuncias sobre detenciones arbitrarias. No obstante, el retorno forzoso al aeropuerto de Gran Canaria evidenció la determinación de Rabat por controlar qué miradas externas tienen acceso a la realidad cotidiana del territorio ocupado.
La respuesta de Rabat y el marco de la «seguridad nacional»
Desde la perspectiva marroquí, la interpretación de los hechos difiere radicalmente. Medios cercanos al gobierno de Mohamed VI han calificado a los políticos canarios como activistas hostiles a la «integridad territorial» del Reino. El argumento central de Marruecos para ejecutar esta expulsión se basa en la supuesta falta de coordinación legal y permisos oficiales, alegando que la visita buscaba desestabilizar la zona apoyando tesis separatistas.
El Ministro de Exteriores marroquí, Naser Burita, ya ha manifestado en ocasiones previas que cualquier visita debe someterse a procedimientos organizativos estrictos. Para el ejecutivo marroquí, estas misiones de observación son vistas como «provocaciones» que vulneran su soberanía interna, un concepto que choca frontalmente con las resoluciones de Naciones Unidas sobre el derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui.
Un conflicto que trasciende las fronteras canarias
La formación morada ha sido especialmente crítica con el papel desempeñado por el Gobierno de Pedro Sánchez. Santana ha denunciado una supuesta connivencia entre el Ejecutivo español y la monarquía alauita, sugiriendo que la actual política exterior de España favorece el «expolio de recursos» del Sáhara. Este bloqueo a representantes públicos pone de manifiesto la complejidad de las relaciones bilaterales, donde el control de la migración y la seguridad parece haber desplazado a la vigilancia de los derechos humanos en la agenda prioritaria.
- Denuncia de 35 presos políticos saharauis en cárceles marroquíes.
- Interrupción de la agenda de reuniones con activistas de la sociedad civil.
- Críticas a la falta de identificación de los agentes policiales en el aeropuerto.
- Antecedentes similares con delegaciones de eurodiputados en febrero de este año.
El impacto del activismo en un territorio bajo vigilancia
Más allá del incidente puntual con los políticos españoles, la mayor preocupación reside en las represalias que este tipo de intentos de visibilización pueden generar sobre los activistas locales. Santana subrayó que, aunque su expulsión fue un acto arbitrario, el verdadero riesgo lo asumen quienes luchan diariamente por la soberanía dentro del territorio. La imposibilidad de documentar in situ las condiciones de vida de la población saharaui refuerza el aislamiento informativo que Marruecos ha impuesto sobre la región.
La conclusión de este viaje fallido no es el silencio, sino un compromiso renovado. Tanto Santana como Ramírez han anunciado que presentarán denuncias en los foros internacionales competentes. El incidente subraya una realidad incómoda para la diplomacia europea: mientras la comunidad internacional no resuelva el estatus jurídico definitivo del Sáhara Occidental, los cielos y fronteras de El Aaiún seguirán siendo un filtro político infranqueable para la observación independiente.









