Sánchez destina 210.000 euros a test de ADN por el franquismo

La transición de la exhumación física a la identificación biológica representa el desafío más complejo de la actual política de memoria en España. Tras años de trabajos en fosas comunes, el Ejecutivo ha dado un paso administrativo clave al formalizar la contratación de los servicios necesarios para procesar las primeras muestras de ADN financiadas íntegramente con fondos públicos, buscando cerrar la brecha entre los restos recuperados y las familias que aún esperan respuestas.

El software Bonaparte y la arquitectura del Banco Estatal de ADN

Uno de los pilares de esta estrategia no es solo la obtención de la muestra, sino su procesamiento masivo mediante herramientas de alta precisión. El sistema elegido es Bonaparte, un software avanzado desarrollado en los Países Bajos y utilizado por organismos internacionales como Interpol. Esta herramienta permite el cruce a gran escala de datos genéticos complejos, algo vital cuando se trabaja con restos óseos que presentan un alto grado de degradación tras casi un siglo bajo tierra.

La gestión de este sistema recae sobre el Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses, dependiente del Ministerio de Justicia. El objetivo final es consolidar el Banco Estatal de ADN, una base de datos centralizada que busca unificar la información que, hasta la fecha, se encontraba dispersa en archivos autonómicos de regiones como Andalucía, Cataluña, Navarra y el País Vasco.

Detalles técnicos y adjudicación del contrato de test genéticos

El Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática ha adjudicado oficialmente un contrato por un valor de 208.120 euros (impuestos incluidos) para la realización de los primeros 300 test genéticos. La empresa responsable de este proceso será LabGenetics, un laboratorio con sede en San Sebastián de los Reyes que cuenta con la infraestructura sanitaria necesaria para este tipo de análisis forenses de alta sensibilidad.

  • Alcance inicial: Procesamiento de 300 perfiles genéticos mediante muestras bucales.
  • Inversión por caso: Se estima un coste medio de 700 euros por cada proceso de identificación.
  • Metodología: Realización de una doble extracción de material genético para garantizar la fiabilidad del cotejo.
  • Plazo de ejecución: El marco temporal previsto para estas actuaciones se extiende a dos años.

La brecha entre la recuperación de restos y la identidad confirmada

A pesar del avance en las exhumaciones, las estadísticas reflejan una realidad técnica difícil. Entre 2019 y 2025 se han recuperado cerca de 9.000 cuerpos en fosas de toda la geografía española, pero el número de identificaciones positivas sigue siendo proporcionalmente muy bajo. Expertos forenses señalan que, en muchos casos, solo se logra identificar genéticamente a una mínima fracción de las víctimas debido al deterioro del material biológico y a la dificultad para encontrar descendientes directos que aporten muestras de comparación.

Asociaciones de víctimas, como la ARMH, han incrementado su presión sobre la administración para agilizar estos trámites. Argumentan que el valor reparador de la ley no reside únicamente en localizar la fosa, sino en el acto de devolver la identidad a quienes fueron enterrados de forma anónima. La implementación de estos test financiados por el Estado busca precisamente reducir los retrasos que han denunciado los familiares en los últimos años.

Hacia un modelo de identificación proactiva

El modelo que ahora se intenta nacionalizar tiene sus raíces en proyectos pioneros como el impulsado en la provincia de Cádiz, donde se comenzó a recoger ADN de familiares de forma masiva sin esperar a la apertura de las fosas. Este cambio de paradigma es fundamental: recolectar el ADN de los descendientes vivos lo antes posible es una carrera contra el tiempo, dado que la edad avanzada de los hijos y nietos de las víctimas pone en riesgo la posibilidad de obtener vínculos genéticos claros.

Con la puesta en marcha de este contrato y la integración de herramientas como Bonaparte, el sistema de Memoria Democrática en España busca pasar de una fase de búsqueda física a una fase de certeza científica, tratando de elevar ese porcentaje de identificación que, hasta ahora, ha sido el gran escollo técnico del proceso de reparación histórica.